PEDAGOGÍA DE LA AUTONOMÍA: Saberes necesarios para la práctica educativa.
Paulo Freire
El presente trabajo tiene como objetivo principal realizar un breve análisis de los conceptos expuestos por Freire en su texto “Pedagogía de la autonomía”, tomando como punto de referencia los parámetros expuestos por el mismo, enfocados desde una perspectiva sociológica.
En primer lugar, el autor parte de la afirmación que no hay docencia sin discencia, y desarrolla una serie de conceptos básicos en el ejercicio de la enseñanza. Para poder realizar una aproximación a la anterior afirmación, hay que considerar una serie de elementos que la acompañan.
Para poder realizar el ejercicio de la enseñanza se necesita de una interacción entre educar y enseñar, dicha interacción es de codependencia ya que, la una no existe sin la otra, y necesita diálogo y respeto con el educando y por su concepción del mundo. Dentro de este elemento es importante reconocer los elementos que la componen: podemos encontrar la observación dentro de un rigor metodológico: es decir, el docente debe reforzar en el educando un método para llegar a una “aproximación” a los objetos cognoscibles, desde la perspectiva de educandos y educadores creadores, instigadores, inquietos, curiosos, persistentes y humildes. Lo anterior busca transformar a los educandos en “sujetos reales” de re-construcción del saber enseñado.
Aparece entonces, la noción del “pensar acertadamente” que consiste en una demanda de profundidad por parte del formador (en pro de enseñar al educando y convertirlo en sujeto real), es decir, realizar una ampliación y diversificación de las fuentes legítimas de saberes, respetando los conocimientos particulares de los educandos ejercitando el pensamiento crítico del mismo, con el fin de alcanzar una “curiosidad epistemológica”.
Podemos entender (lo que Freire denomina) curiosidad epistemológica, que es la sumatoria de las características que debe tener el educando (y el educador) dentro de la capacidad de aprender del mismo. Capacidad que requiere un ejercicio crítico, que involucra a la curiosidad como inquietud indagadora, como señal de alerta que fomenta la creatividad, y no existe la una sin la otra- y que es socialmente construida y reconstruida-, y que sirve como “defensa a los “irracionalismos” producidos por el exceso de racionalidad de este tiempo tecnificado”,esto no implica que la visión acerca de la tecnología sea en extremo positiva o negativa- en palabras del autor: ni satanizar ni divinizar- ya que eso hace parte del pensar errado. Además el formador debe fomentar “la ética universal del ser humano”, ya que es indispensable para la convivencia, el educador debe investigar siguiendo los lineamientos de la ética, la pureza y la humildad ya que, “no hay enseñanza sin investigación y no hay investigación sin enseñanza” ya que el formador forma y se reforma al formar, y en este caso, el proceso de enseñanza requiere que la búsqueda de información sea continua, además sirve para intervenir y comprobar y, a la vez, crear un proceso de comunicación enfocado al cambio. Como dice el autor “de nada sirve el discurso competente si la acción pedagógica es impermeable al cambio”.
Gracias a ese proceso de comunicación y de cambio, entrariamos entonces, en lo que Freire denomina “ciclo gnoseológico” en la medida que, el conocimiento se enseña, se aprende y se produce. Cabe resaltar el derecho al cambio de apreciación que viene dado por una revisión de los hallazgos y una disponibilidad al riesgo para poder asumir los cambios, el riesgo se encuentra en aceptar lo nuevo y validar lo viejo- tomando en cuenta que, si lo viejo mantiene una presencia en el tiempo, permanece como nuevo-, dentro del acto de comunicación que se mencionó con anterioridad, en donde el conocimiento no es transferido sino coparticipado, arraigado en el testimonio y la experiencia.
Pensar acertadamente, como eje central en el proceso de dodiscencia, debe darse en armonía y enfocarse en la práctica, analizarla desde el presente y el pasado para mejorarla en el futuro.
Dentro de este proceso de enseñanza-aprendizaje es necesario, que se asuman los cambios, que el educando y el educador se asuman como ser social e histórico, de ahí se desprende que el individuo asuma su identidad cultural (individual y de clase) ya que, las mujeres y los hombres son seres histórico-sociales, capaces de valorar, intervenir, escoger y de ser seres éticos. El educador debe reconocer la identidad cultural y trabajar a partir de ella, para generar un cambio en esta “sociedad fea y agresiva”,fomentando la solidaridad social y política. Así mismo, debe reconocer al educando, respetarlo y promover el respeto, ofrecer al educando la confianza necesaria- y suficiente- para que este realice las cosas con gusto, y a su vez, valore y respete la experiencia docente y el proceso de aprendizaje-enseñanza. Freire resalta la importancia de los gestos de aprecio por parte del formador, pero que no se deben hacer de manera sistemática ni repetitiva, sino como un gesto que valore y reconozca el sentimiento, de las emociones, del deseo y del valor que la educación deja como resultado.
Como segunda afirmación principal, aparece que “Enseñar no es transferir conocimiento”, enseñar es crear la posibilidad para generar conocimiento, formar a los educandos en ese sentido. Es importante reconocer la apreciación que hace el autor respecto al uso de las conjunciones (en este caso, conjunción adversativa -pero-), que cumplen más que una función gramatical, una función ideológica, en el sentido que pueden dar un juicio falso sobre alguna persona, o puede convertirse en indispensable cuando se trata de reconocer las cualidades de una persona.El ejercicio de enseñar requiere pensar bien, y esto a su vez necesita que estemos pendientes de nosotros mismos, para evitar errores- “simplismos, facilidades e incoherencias absurdas-, y así no emplear juicios falsos sobre alguna persona o situación a la que le tengamos rabia, menospreciando su discurso y su trabajo.
Un aspecto clave en el análisis de Freire, es el referente al “inacabamiento humano”, consciente ya que, donde hay vida hay inacabamiento, y esa vida a su vez, se encuentra mediada por el mundo, por el soporte- animal, ligado al espacio necesario para su crecimiento, su supervivencia, su adiestramiento...-. Los hombres y las mujeres, al pertenecer a una especie rica en cultura -y sobre todo con ética-, tiene un soporte diferente al animal, su espacio y su desarrollo varía considerablemente, además, el soporte sufrió una gran variación, hasta el punto de convertirse en mundo, gracias al desarrollo de la solidaridad, y de la ética humana, enfocada en el cambio del mundo (tanto positiva como negativamente). En este sentido, la eticidad no se puede prescindir en el proceso de formación y de transformación de los hombres y las mujeres, y en el proceso de entender al mundo y todo lo que esto conlleva, un claro ejemplo de ello es la asimilación y creación del lenguaje como medio de comunicación y de creación de discurso. En dicho proceso de entendimiento, el hombre y la mujer deben reconocerse como personas cuyo paso en el mundo no está predeterminado, sino, como un ser condicionado y consciente del inacabamiento propio de los seres humanos; de la presencia constante y formadora en la naturaleza del inacabamiento, como lo es la inconclusión de la presencia del mundo en los individuos y de los individuos en el mundo, generando así una concientización de los obstáculos, que se convierte en una necesidad y que debe estar en una actualización constante como parte de la naturaleza anteriormente mencionada.
Cuando los individuos están conscientes de su inconclusión y a la vez, de la inserción en un proceso histórico-social de búsqueda dirigida a la construcción de conocimientos, dichos conocimientos, como se ha mencionado antes, deben responder a la ética humana y en el sentido de la pedagogía (proceso de dodiscencia), evitando caer en la repetición sistemática de la transferencia de conocimientos por parte del Maestro hacia el “alumno” digno de la educación bancaria a la que se opone el autor. Dentro del proceso de dodiscencia es indispensable el respeto por el educando, por sus conocimientos y por lo que éste le puede aportar, reconocerlo como hombre o como mujer, como persona con una curiosidad, con capacidad de crear conocimiento, de transformar ese “mundo” permite que la bancarización quede a un lado, abriendo paso a un proceso de enseñanza mancomunado e incluyente. En el que nosotros mismos nos reconozcamos, nos respetemos, y promovamos el cambio, el buen juicio, la ética y el pensar-actuar acertadamente.